Asensi: la palabra es un refugio contra la violencia

Manuel Asensi Pérez es director de la Asociación Española de Psicoanálisis Lacaniano. Recientemente visitó el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación para impartir el curso “El psicoanálisis lacaniano como educación social”.

El texto que aparece a continuación es parte de una entrevista realizada por Gaceta UNAM al doctor Asensi el 13 de febrero de 2017.


¿Qué puede decir acerca de los estudiantes mexicanos?

He podido dar clases en España, Estados Unidos, Argentina, Chile y México. Lo que distingue al estudiante mexicano es una gran curiosidad. Me cautiva percibir su enorme “capacidad de esponja”: absorbe todo. Esto contrasta con la actitud de muchos estudiantes en España, que manifiestan una gran indiferencia en relación con el saber.

Algunos teóricos, como Michel Foucault, Jacques Derrida y el propio Jacques Lacan, pusieron en tela de juicio una noción del saber absoluto que viene de la tradición hegeliana. Sin embargo, resulta claro que debemos partir del saber para cuestionar sus presupuestos. En este aspecto, la actitud de los estudiantes mexicanos me ha parecido siempre modélica. He encontrado gente con una gran avidez.

Desde un punto de vista psicoanalítico, ¿cuál es el estado de los jóvenes estudiantes que inician su educación superior?

Los estudiantes mexicanos no son ajenos a la problemática social que los rodea. Específicamente, la violencia desmedida —que se caracteriza por un nivel pulsional— representa lo que en términos psicoanalíticos llamamos desublimación represiva; es decir, se ejerce el poder de una forma totalmente irracional, caiga quien caiga.

Creo que una de las razones por las cuales los estudiantes mexicanos demuestran tanta avidez es porque encuentran en la teoría una defensa. Al final de cuentas, la palabra es un refugio frente a la violencia. Por otra parte, la teoría es una manera de entender y explicar este mundo violento. Cuando uno lee a gente como Derrida, Foucault o Ernst Bloch, encuentra una cierta racionalización ajena a la pura violencia.

Usted considera que el psicoanálisis no tiene por qué estar peleado con la universidad. ¿Puede explicar su postura?

Tradicionalmente, las relaciones entre la universidad y el psicoanálisis no han sido muy buenas. Incluso en Francia —el país que más ha desarrollado el campo psicoanalítico— hay algo que no encaja del todo en la enseñanza del psicoanálisis. Esto lo explicó muy bien Lacan en sus teorías de los diferentes discursos. Según él, el problema que hay entre la práctica del psicoanálisis y la práctica de la enseñanza es que el profesor se coloca en posición de saber absoluto y produce un sujeto —en mayor o menor medida— “normativizado”. Por otra parte, el analista no está en la posición de quien controla el saber, sino del sujeto que no sabe; el sujeto ignorante que aprende del otro. Si lo pensamos así, nos damos cuenta de que la posición de la universidad y el analista son opuestas.

Sin embargo, yo siempre he pensado que ese planteamiento no excluye que los universitarios podamos integrar el psicoanálisis de alguna manera. Se trata de un pensamiento complejo, pero también muy rico, que permite a los profesores y estudiantes entender mejor al otro. El intento que estamos haciendo por introducir el psicoanálisis al campo universitario va en este sentido, con el objetivo de enriquecer no sólo a la universidad sino al propio psicoanálisis.

En su opinión, ¿cuál es la prospectiva de la relación entre educación y psicoanálisis?

Yo no soy muy optimista al respecto. En muchos casos, el campo del psicoanálisis se ha convertido en una serie de grupos mafiosos que no tienen interés en cambiar. No están dentro de la universidad y tienen una especie de círculo cerrado donde se van pasando la información unos a otros. Pero mi falta de optimismo no quiere decir que no podamos hacer el intento. En un futuro ideal, esta relación nos permitiría cambiar nuestro modo de pensar la educación, así como la actitud del propio profesor que ahora sería capaz de establecer una sinergia más sólida con los estudiantes.

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