Escritura de números (segunda de dos partes)

Lee la primera parte de este artículo aquí.


Juan Leyva

En la primera parte de este artículo dimos los principales elementos del punto de vista sobre la grafía de números, cifras o cantidades que sostienen las academias de la lengua española; en esta segunda parte ofrecemos el de los editores, tipógrafos e impresores.

El punto de vista ortotipográfico

Así pues, como dije al principio, sobre los criterios para la anotación de números existe una segunda vertiente normativa, que es la ortotipográfica, es decir, la que se deriva de la experiencia y necesidades propias de la edición de libros, revistas y otros materiales impresos y aun electrónicos, donde no siempre los criterios académicos son pertinentes. El editor y la imprenta ─sin perder de vista los manuales de las academias de la lengua─ establecen prácticas y normas de sobra justificadas y en ocasiones mucho más sensatas que las de las academias, por lo que, a modo de ejemplo, conviene asomarse a lo establecido en el Libro de estilo Vocento (http://tinyurl.com/hrryoud, s. v. numeración arábiga) por Martínez de Sousa —quizá el editor-impresor de mayor experiencia y conocimientos en el mundo de lengua española. Debido a la cantidad de detalles y la necesidad de precisión, me veo obligado a parafrasear la obra por extenso.

Por ejemplo, este autor señala que se escriben con cifras:

1) Los horarios. 2) Las cantidades concretas superiores a 9. 3) Las fechas. 4) Las cifras de medidas del sistema internacional de unidades, incluso los dígitos. 5) Las expresiones numerales cardinales: a) los grados; b) los números de habitantes, ediciones, párrafos, páginas, artículos y versículos; c) los números de casas  y pisos que siguen a las vías públicas en direcciones; d) los números de textos legales y de sus capítulos o partes; e) las cifras que identifican el modelo de un coche; f) los puntos kilométricos; g) la numeración de autopistas y carreteras, h) los calibres de armas; i) las cantidades de los ingredientes y otros componentes utilizados en obras especializadas como recetarios; j) los números de serie  y nombres propios de ingenios o aparatos (Apolo 11, Boeing 747), k) los números de los resultados deportivos. 6) En libros técnicos y científicos, las medidas, pesos y cantidades, siempre y cuando se refieran a expresiones técnicas y no a, por ejemplo, el doctor hizo 6 ensayos, que debe escribirse: el doctor hizo seis ensayos… 7) Los números de teléfono.

Señala, por último que las medidas se dan en cifras, a menos que sean aproximadas, y que en el texto corrido no se emplean símbolos ni signos sino el nombre de la medida (tres kilos, 14 metros). Si la medida es en dígitos (0 a 9), se escribe con letra: nueve litros.

En cambio, se escriben con letra:

1) Las unidades de tiempo. 2) Las edades. 3) Los dígitos (0 a 9). 4) Las cantidades dubitativas, aproximadas o inexactas. 5) Los números o cantidades puestos en boca de un interlocutor, excepto cuando sean superiores a dos cifras. 6) Las horas en textos literarios, no técnicos.

Señala que las cantidades en cifras se escriben con espacio fino entre millares, centenas y decenas, nunca con puntos o comas, ni con apóstrofos. Y un largo etcétera de sutilezas que aquí omito para no abrumar al lector, pero que sin duda cuentan y deben contar a la hora de confeccionar un libro.

Balance

De ambas perspectivas se desprende un conjunto de normas generales.

a) Escribamos siempre con letra sólo los dígitos (0 a 9), excepto en fórmulas, estadísticas, cuadros y otras expresiones cuantitativas que se hallen en entornos técnicos y de precisión; b) no conviene combinar números y palabras, excepto al escribir grandes cantidades y sin el empleo de mil: 300 000 000 (300 000 millones o trescientos mil millones); c) salvo excepciones del caso, es preferible usar sólo números en textos técnicos y especializados, y optar por palabras en los demás; d) no emplear otro rasgo que el espaciado entre miles, centenas y decenas; e) usar punto sólo para decimales; f) escribir las hora separándolas de los minutos mediante dos puntos (no uno); g) en la grafía de cantidades, no combinar signos o abreviaturas con palabras, sino anotar el signo con la palabra completa y limitarlo sólo a acompañar cantidades expresadas con número —h) excepción hecha de las palabras “por ciento” en la escritura con números en texto corrido (70 por ciento, ocho por ciento), donde i) también es admisible escribir los porcentajes inferiores a 10 con palabra—, y j) limitar el uso del signo % a cuadros, listas, fórmulas, etcétera.

Sin duda, la escritura de números y sus pormenores no se agota ni remotamente aquí, pero lo anterior constituye una idea muy aproximada de la complejidad de este aspecto de la escritura y presentación de originales. Si trabajamos con números de modo frecuente, conviene acercarse a nuestra editorial y a manuales como los ya citados, a fin de evitar complicar el original innecesariamente, y así abreviar los tiempos de edición y tipografía y reducir, también, el número de errores y erratas.

Por último, una vez tomado un criterio o un conjunto de ellos, es preciso emplearlos de manera consistente y uniforme a lo largo de toda la obra: es mayor error la inconsistencia que matizar o modificar alguno de los preceptos de las academias.

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