Escritura de números (primera de dos partes)

Juan Leyva

La segunda parte de este artículo está disponible aquí.

Cuando escribimos un libro, más temprano que tarde nos vemos en la necesidad de anotar cantidades o cifras, y no es raro que titubeemos sobre la manera de consignarlas en la página: si todas con letra o con número; si con letra hasta el nueve o hasta el diez, o hasta el veintinueve o treinta o, en fin, hasta el noventa y nueve o cien; si con varias palabras o una sola; si mezclando números y palabras en las cantidades muy grandes o de muchos ceros; si con comas y puntos entre decenas, centenas, millares y decimales, o sólo con espacios, etcétera. También podemos tener dudas sobre si abreviar o no los símbolos en las cantidades que aparecen en texto corrido: 351 km o 351 kilómetros.

Ahora bien, hay dos grandes clases de libros en los que las cantidades se escriben de manera distinta: a) los técnicos, especializados y académicos, donde la abundancia de cifras y su precisión obligan a una economía que requiere el empleo de números para la anotación de cantidades; y b) los generales, no académicos y literarios, donde la necesidad de escribir cifras es mucho menor y casi nunca en contextos de precisión o especialización, ni menos de estadística ni matemáticas. En el primer caso, con frecuencia tenemos que comparar y relacionar muchas cantidades, por lo que la norma y el sentido común dictan graficarlos con números; en el segundo, la aparición de cantidades en el texto se debe casi siempre a situaciones cotidianas donde los números aparecen en diálogos o en circunstancias no científicas y las cantidades se manejan como en la vida diaria y, por tanto, en realidad, se trata de palabras que están creando relaciones entre personas, de modo que la norma dicta escribirlas como tales, con palabras.

Cuando nuestra obra es del campo académico y especializado y no hemos llegado todavía a hacernos con una preceptiva clara y puntual, el resultado es un original inconsistente y a veces caótico donde, a menudo, aparecen los números y cantidades escritos de manera distinta en contextos iguales y aun con signos sobrantes que no añaden nada a la precisión del dato. Sorprende, por ello, por ejemplo, que todavía algunos países de habla hispana insistan en escribir las cantidades con comas: 2,300,420.5 kilos de azufre (o sea, dos millones trescientos mil cuatrocientos veinte punto cinco kilos del mineral). El único signo necesario ahí es el punto, para indicar que la cifra posterior es decimal.

A fin de darnos una idea de las tendencias normativas, examinemos cómo ven la cuestión, por un lado, las academias de la lengua y, por otro, los expertos en ortotipografía (conjunto de normas de escritura que rigen la presentación de originales para publicación y la posterior conversión de ellos en libros confeccionados tipográficamente). Esta primera parte va dedicada al punto de vista de las academias, y en la segunda parte (siguiente Boletín) ofreceremos el de editores, tipógrafos e impresores.

El punto de vista de las academias de la lengua

En 2010 la Ortografía de la lengua española, publicada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, puntualizó varias de las principales cuestiones (sin que ello signifique la solución de todos los problemas que pueden enfrentarse).

Anota la Ortografía (§ 4.1: a-i) que se escriben con palabras “los números que pueden expresarse en una sola […] del cero al veintinueve, las decenas (treinta, cuarenta, etc.) y las centenas (cien, doscientos, etc.) […] los números redondos que pueden expresarse en dos palabras (trescientos mil, dos millones, etc.) […], los números inferiores a cien que se expresan en dos palabras unidas por la conjunción y (hasta noventa y nueve)”.

Y añade dos restricciones: “no es recomendable mezclar en un mismo enunciado números escritos con cifras y números escritos con palabras”. En casos así recomienda optar por las cifras. Por otra parte, “en textos no técnicos es preferible escribir con palabras los números no excesivamente complejos referidos a unidades de medida. En ese caso, no debe usarse el símbolo de unidad sino el sustantivo correspondiente: Los últimos veinte kilómetros se hicieron interminables (no los últimos veinte km se hicieron…). Cuando se utiliza el símbolo, es obligado escribir el número en cifras [20 km]” (§ 4.1d).

Continúa la Ortografía (§ 4.1: a-i) anotando que también se escriben con palabra las fracciones (fuera de contextos matemáticos), los números aproximados y otros casos menos relevantes y hasta curiosos como los números de los naipes.

En cambio, para la escritura con cifras (§ 4.2a-k), especifica: se escriben de este modo “los números que exigirían el empleo de cuatro o más palabras […,] los números que forman parte de códigos […], los […] que indican el año […], los […] que indican una parte entera y otra decimal: El índice de natalidad es de 1,5 (o 1.5), […] los […] que aparecen en documentos técnicos y en formulaciones matemáticas, físicas, químicas […], los […] referidos a unidades de medida cuando van seguidos del símbolo correspondiente: Inauguraron una central solar de 42 kW en la localidad […], los […] seguidos de la abreviatura del concepto que cuantifican: 5 cts. (‘cinco céntimos’), 45 págs. (‘cuarenta y cinco páginas’) […] los […] pospuestos al sustantivo al que se refieren […] usados para identificar un elemento concreto dentro de una serie: página 3 […], habitación 317 […], los […] utilizados para la jerarquización de niveles de texto o como llamadas de notas a pie [y] los […] que cuantifican los elementos de una lista”.

La Ortografía (§ 4.3) no considera correcta la combinación de número y palabra: 30 y siete, 154 mil, 10 mil, y señala que debe optarse por una u otra forma, pero nunca por sus combinaciones, con una excepción importante: “sólo las cantidades que tienen como base un sustantivo de significación numeral como millar, millón, billón, trillón y cuatrillón podrán escribirse mezclando el uso de cifras (para expresar el sustantivo numeral cuantificador) y palabras (para expresar el sustantivo numeral cuantificado): 15 millares, 327 millones…”.

Sobre el uso de “mil” combinada con números, la Ortografía observa que de ningún modo es equiparable a los casos anteriores y no debe combinarse con números: 15 000, no 15 mil, porque se trata de un adjetivo numeral de dos palabras y no un sustantivo. Y precisa: “estos numerales […] deben escribirse enteramente en cifras: 125 000 personas, 13 000 millones (la sustitución de 000 por mil ni siquiera puede justificarse por razones de economía, ya que no ahorra ningún carácter en la escritura); o enteramente en palabras: ciento veinticinco mil personas, trece millones”. Tampoco debe escribirse 3 y medio, sino 3.5: “así pues, es mejor escribir 3,5 (o 3.5) [¿por qué insistirá en la coma para decimales?] millones de bolívares o tres millones y medio de bolívares que 3 millones y medio de bolívares” (§ 4.3).

Caso aparte lo constituyen las expresiones numéricas específicas (Ortografía, § 5.1), como la anotación de las horas del día, la fecha y los porcentajes. La hora, dicen las academias, “se escribe preferentemente con palabras, y no con cifras, en textos de carácter narrativo o discursivo […] en cambio […] con cifras cuando se utiliza el modelo de veinticuatro horas, así como en todos aquellos contextos que requieren la máxima precisión y economía en este punto, como sucede en horarios, convocatorias, actas, informes técnicos o científicos y, en general, en todos los usos que deban respetar las directrices de los organismos de normalización” (Ortografía, § 5.1.2). Por ejemplo, para escribir la hora, la norma ISO 8601 indica que debe escribirse separando horas y minutos mediante dos puntos, y dos dígitos en todos los casos: 00:02 (cero horas con dos minutos), 03:45 (tres cuarenta y cinco). Pero no siempre y no todo mundo acepta a cabalidad las normas de la International Organization for Standarization o International Standars Organization u Organización Internacional de Normalización (con sede en Ginebra y en estrecho vínculo con la ONU). Es el caso del Libro de estilo Vocento (http://tinyurl.com/hrryoud) ─preparado por José Martínez de Sousa para el diario ABC de España─, que prescribe las grafías de la hora no con dos puntos sino con uno: 12.20 (doce con veinte minutos), aunque no esgrime razón alguna para oponerse a la tendencia mundial (pp. 114 y 117).

Respecto a la fecha, las academias admiten la habitual combinación de números y palabras: 2 de noviembre de 2016, o su forma abreviada: 2-11-2016, 2/XI/2016, pero desaconsejan la forma anglosajona, que anota primero el mes y luego el día, porque da lugar a confusiones entre ellos (sobre todo cuando se anotan los días inferiores al 13), ya que en este caso puede llegarse a pensar que se trata del 11 de febrero de 2016 (Ortografía, § 5.2). Aunque el uso de números romanos ha decaído mucho, su empleo en fechas evita toda confusión si conservamos la costumbre de anotar el mes con romanos.

Por último, sobre los porcentajes, las academias admiten el uso de letra o número para aquellos inferiores a 10, pero no combinar el uso del símbolo (% = por ciento) con palabras (veinte %), pues éste debe usarse sólo con números, y señalan que nunca debe usarse por cien como equivalente de por ciento, “excepto si aparece en la expresión 100%” (Ortografía, § 5.4.). La misma obra señala que la escritura de porcentajes superiores a 10 enteramente con palabras es admisible en diversos tipos de documentos oficiales, con objeto de evitar confusiones o manipulaciones.

Como ejemplo de divergencias entre las academias y las editoriales, algunas de éstas prohíben el uso de artículo antes de la cifra que expresa porcentajes (200 litros, que equivale al, un, 20 por ciento del total) —mientras que la Ortografía lo emplea sin rodeos— e indican el uso de palabra en vez de signo para “por ciento” en texto corrido, aunque la prohibición del artículo no parezca tener mayor fundamento que la economía de palabras. Y aun más: en texto corrido admiten y prefieren el uso de la palabra mil para ganar claridad en la escritura de cifras grandes o de muchos ceros (en equivalencia del uso de “por ciento” en vez de “%”, que evita saturar la vista con símbolos y números y favorece la claridad visual de lo escrito).

Lee la segunda parte de este artículo aquí.

Deja un comentario en: “Escritura de números (primera de dos partes)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *