RESEÑA: Anish Kapoor. Arqueología. Biología

Graciela Bellon

Te diriges hacia el museo. Algo en su nombre te llama, ecos de mundos lejanos, aunque posibles. Caminas. Anish Kapoor, Anish Kapoor, Anish Kapoor, repites como mantra. Alguien dijo que en él sí, por fin, confluían el arte y el concepto; que había en verdad un arte conceptual en toda su extensión.

Se abre una puerta, y entras. Se abre una puerta, y luego otra, y otra más en una sucesión de sucesiones que se desdoblan en un infinito continente. Estás adentro, piensas, como si el espacio hubiera sufrido una conversión, una suerte de transmutación.

Avanzas: espejos sinuosos, cóncavos/convexos, reflejos que reflejan la materia y que son, a la vez, la materia; objetos que espejean a los sujetos, y que son, a la vez, el sujeto; grietas, vacíos, hendiduras. Un bosque de nudos que está reflejado en un reflejo. Todo ahí, en ese espacio subvertido que contiene las piezas y que, gracias a la maravillosa alquimia del arte, ha dejado de ser el espacio que contiene y se ha convertido, transformado en lo contenido.

Otra transmutación, piensas mientras te adentras en el bosque de nudos y, anudada, te conviertes en el rojo y el amarillo que explotan un poco más allá, y las concavidades te engullen, y tú te dejas ir, sueltas todas tus amarras, transmutada también.

Anish Kapoor, repites mientras te das cuenta de que tú eres, en ese momento, el objeto, de que las piezas te han objetificado, y de que ellas son los sujetos, y entonces eres esas concavidades, esas espesuras.

Tu mente, tu cuerpo, tus sentidos giran suspendidos, flotando en el éter kapooriano. Yo soy el objeto, y soy, por tanto, el arte. Soy lo cóncavo y lo convexo; son otra materialidad, una que ha vuelto infinito lo que contiene y lo que refleja. Y esta suspensión, piensas mientras sigues avanzando, es como si la materia estuviera detenida y flotara en un derredor etéreo que, sin embargo, articula el objeto con el sujeto, lo material con lo inmaterial, lo finito con lo infinito.

Avanzas, la operación está ahí; la transmutación se ha completado. Avanzas, movida por el influjo de las grietas, las hendiduras, las extrañas geografías bifurcadas, reflejantes y reflejadas.

Sales, y estás al revés, sujeta a una doble conversión: la del espacio, y la tuya propia. Sales, y eres materia subvertida; eres roja y amarilla; espejo y concavidad; conexión; redondez. Sales, y eres un bosque nudoso reflejado en una sinuosidad infinita. Anish Kapoor, te dices, he aceptado tu invitación a esta inmersión, soy eso: soy esta biología que ha transitado por esta arqueología, y me ha transmutado; y ahora yo soy la arqueología, y ella es la biología. Y ésa es, piensas, la profunda subversión que sólo el arte puede lograr.

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