Yo, Norma Delia, la hija del desierto

El Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) lamenta el fallecimiento de nuestra investigadora, Norma Delia Durán Amavizca. Queremos hacerla presente con estos fragmentos de un texto escrito por ella días antes de su lamentable partida:

Nací en el desierto de Baja California, tierra fértil para el algodón, una depresión geográfica a ocho metros bajo el nivel del mar. Soy hija de la tierra caliente y en mi sangre corre energía Yaqui. Cuando nací, mis poros se abrieron para adaptarme a 50 grados centígrados.  Pisando descalza esa tierra desde niña supe del calor que alimentó, silenciosamente mis órganos y vísceras, el riñón, el estómago, la vejiga, el bazo, el hígado, la vesícula biliar.  Esto provocó que sea mujer de coraje, para avanzar en la vida,  ansiosa por retener mis recuerdos, y con miedo de herir al otro.

Llegué con mucha felicidad a este mundo, lo supe en una regresión dentro de un Temazcal, cuando salí, ¿por qué tan contenta? —me dije— lo fui entendiendo con el tiempo.  Antes de salir de la SEP e ingresar a laborar a la UNAM, practicando gimnasia, tuve una caída donde me lastimé los codos y los hombros: los médicos alópatas diagnosticaron artritis. El medicamento terminaba su efecto y los dolores volvían. En mi idea por liberarme de la enfermedad, busqué un acupunturista y llegué al consultorio de Sergio. Los efectos los comencé a notar cuando se resolvieron mis insomnios y problemas emocionales de tristeza, ira, miedo… más que la caída en el gimnasio, fueron los que me llevaron al padecimiento crónico degenerativo. A la par ingresé a la maestría en Filosofía. Ahora puedo decir que fui encontrada por dos maestros, Sergio López Ramos, académico y guía espiritual, y Rafael Moreno Montes de Oca, filósofo (q.p.d.).  Ambos coincidieron en decirme que tenía madera de investigadora. Ahora sé, que la madera es hígado, el cual otorga al cuerpo la energía para crecer como ser humano y ser creativo.

El trabajo como investigadora lo he podido desarrollar junto a la práctica de la acupuntura y el Zen. La acupuntura me brindó la posibilidad de acercarme a los problemas emocionales de la gente, producto de su educación, las relaciones intersubjetivas, la cultura. El Zen me enfrentó conmigo misma, con mis recuerdos, guardados en la memoria corporal, entre los músculos, y pude traer a la superficie del cuerpo recuerdos dolorosos que ocupaban mi mente y no dejaban espacio para emociones, sentimientos e ideas nuevas.  Me ayudó a desapegarme del sufrimiento…

 

4 thoughts on “Yo, Norma Delia, la hija del desierto

  • 20 septiembre, 2016 en 1:23 pm
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    Gran texto de Norma Delia, gracias…

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  • 2 octubre, 2016 en 11:27 pm
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    Una gran mujer ejemplo para muchas. Descanse en paz.

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  • 20 octubre, 2016 en 2:00 pm
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    una grande mujer en todos los sentidos. ejemplo a seguir. se le extraña

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  • 28 mayo, 2017 en 11:31 pm
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    Maravillosa tía. Te amamos. Te extrañamos.

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