El inexistente manual de estilo de la UNAM

Juan Leyva

Un manual de estilo editorial debe sentar bases firmes para que un libro pueda transcurrir con tersura y agilidad desde que el autor lo está escribiendo hasta que la obra es entregada a las prensas. Esto significa que debe incluir instrucciones de a) cómo elaborar y entregar un original para publicación, b) cómo corregir su estilo, aparato crítico y bibliografía y c) cómo corregir las pruebas tipográficas.
Las implicaciones de estos tres grandes segmentos del proceso editorial son múltiples y hay montañas de títulos especializados en cada uno de ellos e incluso algunos que abarcan los tres. En mi artículo anterior, por ejemplo, me referí a varios de esos títulos, y hay, sin duda, como digo, muchos más. En realidad, toda casa editora debería tener un manual propio, porque de otro modo el transcurso de un libro desde la confección autoral (la fase clave para que un libro salga con calidad y presteza) hasta su ingreso a la imprenta puede complicarse muchísimo.
Sorprende que la UNAM ─aparte del prontuario de Jesús Arellano publicado por primera vez en 1970: Cómo presentar originales y corregir pruebas para su edición (y en la última reimpresión que conozco, en 1985)─ no haya publicado hasta ahora ningún manual de estilo editorial, pues el de Arellano, con sus méritos, no llega a serlo y resulta hoy día obsoleto. Por añadidura, ninguno de los libros de autores universitarios (Reyes Coria, López Ruiz, López Valdés) puede constituir un manual de estilo de toda la Universidad. Con indudables aciertos, resultan magros para una función de tal magnitud.
Uno de los resultados de esta omisión es la falta de referentes sólidos y autorizados para que un autor elabore su original; otro, que muchísimos autores (quizá la mayoría) elaboren sus obras según costumbres y criterios no siempre uniformes ni sólidos, no sólo porque así están habituados, sino porque con frecuencia sus entidades académicas tampoco tienen un manual propio, o porque muchos suponen que no es importante la consistencia y solvencia de criterios en aparato crítico y bibliografía, o bien, finalmente, porque algunos más piensan que para eso están los editores y correctores (grave error). Pero si de todos modos deben entregar aparato crítico y bibliografía, ¿por qué no hacerlos bien desde el principio?
Se dan, así, bibliografías elaboradas con criterios no uniformes ni siquiera en el orden del listado; asientos de las fichas puestos en un caso de un modo y en otros de otro; fichas incompletas y a menudo incorrectas; obras referidas en texto principal pero inexistentes en bibliografía (o a la inversa: bibliografías abultadas por decenas de autores nunca referidos en el cuerpo del texto); autores asentados de un modo en las notas, y de otro en la bibliografía; títulos incompletos o incorrectos; lugares de edición incorrectos, y un largo etcétera. Los costos de todo ello en horas/hombre y en la calidad de la edición son variables, pero siempre onerosos, y retrasan enormemente el proceso editorial.
La calidad de un aparato crítico es una muestra del rigor y claridad con que un autor se sitúa ante las obras que le han permitido llegar a su estado del conocimiento, y de transparencia respecto al tejido de relaciones que establece con sus pares. En adición, un aparato crítico ordenado y consistente revela un alto grado de conciencia sobre la necesidad de comunicar con pulcritud las bases, el horizonte y los logros de una investigación. Es pues, fundamental tener referentes sólidos para su redacción.
La UNAM debe tener un manual de estilo que abarque, pues, un detalladísimo prontuario de cómo procesar originales (desde cómo elaborarlos hasta cómo disponerlos para impresión). De esa manera, el editor tendrá un material idóneo para dedicarse a su tarea fundamental, que es, por un lado, corregir el estilo: sintaxis, ortografía, unificación de grafías, del estilo editorial, de las maneras de asentar una referencia y de llamar a ella, etc.; y, por otro, interpretar tipográficamente el original, hacer las indicaciones derivadas de esa interpretación y revisar las pruebas de imprenta para asegurar su fidelidad a la obra y su correcta disposición. En una palabra, convertir un original de autor en obra impresa con la máxima calidad de estilo y fidelidad al original, y la suma menor de contratiempos.
En cambio, dada la ausencia de un manual de estilo, el editor universitario se ve constreñido a interpretar las líneas estilísticas del autor ─tanto en expresión como en presentación─ para adecuarlas a los usos y costumbres editoriales de su entidad académica, con el añadido de que ningún conjunto de usos y costumbres ni ningún manual son suficientes para resolver todos los problemas, ni tampoco ninguna gramática, por lo que el editor (que a veces también se extravía) debe recurrir a su experiencia y su criterio, así como a diversos manuales. Esto, en sí, no es inconveniente y es casi siempre, en alguna medida, necesario. Pero si el editor tuviera un manual general de su casa editora, tendría un profundo y amplio repertorio de soluciones (que previamente el autor ya habría tenido también a la mano) y la casuística editorial y el tiempo invertido en resolverla se abreviarían. Autor y editor tendrían un horizonte crítico institucional para la elaboración de obras publicables y su definitiva confección para imprenta.
Algunas de las materias que un manual universitario de estilo debe cubrir son:
1. En la presentación de originales: qué puntaje y tipo de letra y cuántos caracteres por línea debe tener, así como cuántas líneas por cuartilla; cómo llamar a notas; cómo disponer las notas bibliográficas (incluidos significado y uso de las abreviaturas); cómo elaborar y entregar cuadros, gráficas, figuras y todo tipo de ilustraciones; cuál es el orden de los asientos en una ficha bibliográfica y cómo deben consignarse (incluida la puntuación); cómo ordenar una bibliografía (incluidas las singularidades del sistema Harvard); cómo hacer el índice, tanto general como, en su caso, onomástico o de materias; cómo hacer una lista explicada de las abreviaturas y siglas usadas en la obra, y cómo imprimir el original y archivarlo electrónicamente para su entrega a dictamen.
2. En la corrección de estilo, debe ofrecer al editor un vasto diccionario de ortotipografía, es decir, un conjunto de normas (en orden alfabético o visibles también desde un índice de materias) de cómo disponer correcta y uniformemente la obra en sus diversas partes; normas de sintaxis, ortografía y puntuación; uso de preposiciones, uso de abreviaturas, errores de redacción más comunes, etcétera.
3. En cuanto a materias específicas de corrección de pruebas, el manual debe ofrecer las bases de cómo marcar los errores y erratas en una prueba de imprenta, como dividir palabras a final de línea, cuándo se puede considerar “callejón” una serie continua de finales de línea iguales o similares, y, en suma, todo lo necesario para alcanzar una calidad óptima en la configuración tipográfica de cada página (con apego también a una hoja de estilo tipográfico de la serie o colección en que la obra será incluida). Desde luego, este capítulo del manual sería también de enorme utilidad para los tipógrafos de todas las imprentas que proveen a la UNAM, por lo que muchos tiempos y contratiempos desaparecerían.
Naturalmente, un editor organizado y con experiencia resuelve en cada obra toda esta problemática, pero ésta se reduciría enormemente si el original viniera dispuesto del mismo modo en que el editor debe corregirlo. Como por lo general ocurre lo contrario (y por mucho), gran parte de las obras constituyen un desafío, ya más o ya menos complejo, que demanda muchísima labor e inevitablemente deja en espera la edición de obras que sí llegan bien presentadas. Ello resta tiempo para tareas fundamentales como la pulcritud y calidad de estilo, que no se le puede exigir a ningún autor y que el editor sí debe procurar; en cambio, sin lugar a dudas puede y debe exigirse al autor que se apegue a un conjunto de normas de bibliografía, aparato crítico y organización del original, a fin de que el editor solamente corrija las diversas secciones, y no tenga que reelaborarlas, como a menudo sucede.
Algunas entidades académicas poseen un conjunto de recomendaciones para entrega de originales, pero en ningún caso tienen la solidez, amplitud, profundidad y coherencia global que un manual de estilo oficial podría tener, y a menudo están lejos de alcanzar carácter normativo y riguroso, por lo que muchos autores, simplemente, las pasan por alto.
El manual debe ser capaz de cubrir cada una de las fases del proceso editorial, con todo y los detalles (a veces de filigrana), muchos de los cuales no son unívocos y, por tanto, requieren criterio para optar por una u otra solución y, ante todo, generar consenso (que el manual, automáticamente, garantizaría). De otro modo, cada editor y cada autor puede optar por criterios incluso contradictorios sin que, esencialmente, se pueda decir que han procedido incorrectamente, aunque ese ir y venir alargue los procesos.
Es imprescindible superar ya esta situación, a fin de alinear las diversas fases que hay detrás de una obra impresa. La UNAM no debe esperar. Ningún editor puede dejar sin ajuste esos criterios diversos e incluso contradictorios que, si bien no se advierten siempre con facilidad en el original, una vez publicada la obra alcanzan dimensiones muy significativas y confunden al lector.
Las obras de Martínez de Sousa, los manuales de presentación de originales como el de Senz Bueno, la Ortografía de la lengua española, el Diccionario panhispánico de dudas, las Minucias del lenguaje (de Moreno de Alba), el Diccionario de construcción y régimen (de Cuervo), algunas gramáticas (incluida la de Bello y la de la RAE), el Diccionario del español actual (de Seco), el Manual de estilo de El país, el Manual del español urgente, y diversas obras de filología histórica pueden ser la base crítica de ese añorado manual de estilo editorial de la UNAM (que un día llegará); pero, sin duda, también será de primera importancia la experiencia y supervisión de editores con formación sólida y calidad probada. Todo ello, con obras como The Chicago Manual of Style y How to write and publish a scientific paper en el horizonte.
El manual puede elaborarse por etapas y ponerse en red, de modo que vaya siendo comentado y corregido por los usuarios en un blog. El proceso tendría etapas y fechas límite bien definidas, de manera que se pudiera ir retroalimentando el manual al mismo tiempo que un equipo lo fuera perfeccionando. Con posterioridad se emitiría una primera edición y se constituiría un sitio en red y un comité revisor que periódicamente, en un congreso, actualizara la obra tomando en cuenta los comentarios que se fueran añadiendo en una versión flexible, es decir, abierta a intervenciones (aparte de una versión dura que serviría como control). No es imposible y es necesarísimo.

Además de los títulos referidos, añado en la bibliografía algunos manuales muy accesibles en red, y un último comentario: no habrá ningún manual que resuelva los problemas de los originales de autor sin la normatividad que obligue a éste a apegarse a aquél, ni sin que se etiquete como no recibida una obra hasta que el autor solucione las deficiencias del original con respecto al manual.

Referencias

-Arellano, Jesús, Cómo presentar originales y corregir pruebas para su edición, México, UNAM, 1985.
-Bello, Andrés, Gramática de la lengua española destinada al uso de los americanos, notas e índice de materias a cargo de Rufino José cuervo, París, Roger y Chernoviz, 1905 (ed. facs.: Kessinger, Whitefish, Mo., ca. 2010).
-Coordinación Editorial UAEM, Directorio de modelos de citación de la Nueva Revista de Filología Hispánica (NRFH), Cuernavaca, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2012 (versión en red).
-Cuervo, Rufino José, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, continuado y editado por el Instituto Caro y Cuervo, 8 vols., Barcelona, Herder, 1998.
-Day, Robert, How to write and publish a scientific paper, Cambridge, Cambridge University Press, 2004 (hay versión disponible en red).
-Garza Mercado, Ario, Normas de estilo bibliográfico para ensayos semestrales y tesis, México, El Colegio de México, 2000 (hay versión disponible en red).
-Fundación del Español Urgente, Manual del español urgente, Madrid, Fundéu BBVA, 2008 (hay facsímil disponible en red).
-López Ruiz, Miguel, Normas técnicas de estilo para el trabajo académico, México, UNAM, 2004.
-López Valdés, Mauricio, Guía de estilo editorial para obras académicas, México, El Ermitaño/UNAM, 2009.
Manual de estilo de El País, Madrid, 1996 (versión en red).
-Martínez de Sousa, José, Diccionario de ortografía técnica: normas de metodología y presentación de trabajos científicos, bibliológicos y tipográficos, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1987.
—-, La palabra y su escritura, Gijón, Trea, 2006.
-Moreno de Alba, José G., Minucias del lenguaje, México, Fondo de Cultura Económica, 1992.
—-, Nuevas minucias del lenguaje, México, Fondo de Cultura Económica, 1997.
-Munguía Zatarain, Irma, Coordenadas para la escritura: manual de consulta, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 2005 (versión en red).
-Real Academia Española/Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario panhispánico de dudas, Madrid, Santillana, 2005.

—-, Nueva gramática de la lengua española, 3 vols., Madrid, Espasa, 2009-2011.

—- Ortografía de la lengua española, Madrid, Espasa, 2010.
Reyes Coria, Bulmaro, Manual de estilo editorial, México, Limusa, 1986.

-Seco, Manuel, Diccionario del español actual, 2 vols., Madrid, Santillana, 1999.

-Senz Bueno, Silvia, Normas de presentación de originales para edición: originales de autoría y originales de traducción, Gijón, Trea, 2001.
-Universidad de Chicago, The Chicago Manual of Style, Chicago, The University of Chicago Press, 2003.

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