FILUNI – Boletín del IISUE http://www.iisue.unam.mx/boletin Artículos y eventos sobre la universidad y la educación. Thu, 23 Nov 2017 19:18:48 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.5 Artículos y eventos sobre la universidad y la educación. FILUNI – Boletín del IISUE Artículos y eventos sobre la universidad y la educación. FILUNI – Boletín del IISUE http://132.248.192.241/~iisue/www/www/boletin/wp-content/plugins/powerpress/rss_default.jpg http://www.iisue.unam.mx/boletin Reflexiones en torno a la edición digital http://www.iisue.unam.mx/boletin/?p=5992 http://www.iisue.unam.mx/boletin/?p=5992#respond Thu, 31 Aug 2017 22:53:35 +0000 http://www.iisue.unam.mx/boletin/?p=5992 Jonathan Girón Palau

El Coloquio Internacional de Lectura y Edición Universitaria[1], realizado en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México, surge como un espacio para la reflexión de dos actividades fundamentales para el quehacer universitario: la edición y la lectura. El Coloquio mantuvo como eje de preocupación lo digital: desde los nuevos formatos de edición universitaria que van más allá del PDF o ePub, hasta la responsabilidad del editor –la comunicación y difusión de la cultura– y el reconocimiento de que su razón de ser reside en el lector.

Es evidente que el debate sobre el futuro del libro digital por encima del impreso quedó atrás, si bien otras controversias en torno a estos dos modelos (como el flujo editorial y la complementariedad entre los formatos) sigue presente y en aumento. No obstante, es un hecho que lo digital, más allá del libro como versión en cero y unos de su contraparte impresa, está aquí; se nos presenta como editores y como lectores. La hemos construido. Como editores y curadores de contenido nos enfrentamos todos los días a temas de visibilidad y conservación, como usuarios su ubicuidad nos atrapa. Sus posibles futuros nos abruman y entusiasman por igual.

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Vista de la Feria del Libro Universitario (FILUNI) 2017.

La cantidad de datos, sus posibilidades de conocimiento y de control, así como los escenarios que permiten construir son una realidad que necesitamos abordar. La comunicación digital plantea un mar de posibilidades, pero sólo si como universitarios entendemos y enfrentamos sus implicaciones éticas. Si asumimos el compromiso que los nuevos formatos nos entregan, las posibilidades para cumplir con nuestra tarea de generar y difundir el conocimiento se incrementan. Sin embargo, es fundamental adoptar una actitud crítica. La lectura, cualquiera que ésta sea, requiere una apropiación del texto para transformarlo en un instrumento de visión crítica. Sobre todo, la reflexión en torno a la investigación y los contenidos se hace imperativa en un mundo en que la educación se ve amenazada por una visión técnica al servicio de las necesidades mercantiles. La lectura sigue teniendo implicaciones estéticas y sociales. Y el editor debe atenderlas.

Es de celebrar que un tema central en el Coloquio fue la función de la universidad; la certeza de que la divulgación de la ciencia, las humanidades y las artes no puede estar al servicio del sistema curricular que exige artículos como moneda de cambio. ¿Para quién publicamos? Si bien como editores académicos asumimos a los investigadores como nuestros lectores, nuestra responsabilidad nos exige pensar en un público más amplio. Avanzar en la investigación es necesario, pero también lo es atraer y educar a nuevas generaciones.

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Panelistas durante el Coloquio de Lectura y Edición Universitaria (FILUNI 2017).

No obstante, el sistema tradicional de edición universitaria no permite actuar con rapidez para responder a nuestra responsabilidad social. Se hace evidente la necesidad de encontrar nuevas formas de cubrir las necesidades de nuestro público. Y el ecosistema digital lo permite. Nos facilita publicar conversatorios, entrevistas y ensayos de manera rápida. No por seguir la inercia de la inmediatez que las redes sociales imponen, sino porque es necesario reflejar los mapas del mundo que la ciencia y las humanidades pintan para entender mejor nuestro contexto. Si los científicos hacen ciencia, los editores tenemos la tarea de narrar esas cosmovisiones. Esto es posible, pero es necesario que aceptemos los distintos tipos de lectura y formatos. Parafraseando a René Muñoz, los editores académicos debemos trascender la idea de publicar libros para pensar en publicar contenidos. Lo importante en la edición universitaria son las ideas, no las obras.

El libro impreso, como vehículo de conocimiento, tampoco escapa al mundo digital. La construcción de saberes en el siglo XXI es multimodal y se puede enriquecer mediante la interacción. La “otra pantalla”, como denomina José Antonio Millán a la realidad digital que acompaña a la análoga, presenta oportunidades hipertextuales que hacen posible conversar con otros puntos de vista, dándonos nuevos enfoques y una visión crítica. Ante esta nueva realidad se nos propone, como editores académicos, ser guía de autores y lectores en el mundo digital.

Desde la edición de revistas académicas el camino andado es mayor. El acceso abierto ha permitido la visibilidad de las investigaciones, pero ahora es fundamental dar el paso hacia la liberación del conocimiento. El énfasis se pone ahora en los datos abiertos; es decir, investigaciones abiertas que permitan al público utilizar los datos, reutilizarlos, reinterpretarlos y compartirlos en el entendido de que el conocimiento generado en las universidades debe atender las necesidades de la sociedad. Sin embargo, es evidente que ante del cambio de paradigma editorial, se requiere un cambio en la forma de hacer investigación. Sobre todo, es importante entender la labor de comunicación universitaria como una tarea colaborativa; de otra forma, no podremos hacer frente a las oportunidades y problemas del presente.

Así, el panorama se plantea diverso, desde crowdsourcing de parte de los bibliotecarios para la financiación de nuevos proyectos editoriales hasta la creación de nuevas narrativas digitales. Esto significa pasar de la literatura digitalizada a una literatura digital, cuyas oportunidades textuales y multimedia pueden enriquecer la creatividad, el conocimiento y las ideas.

Editar en la universidad del siglo XXI implica un trabajo serio de los distintos actores académicos: investigadores, editores, bibliotecarios, ingenieros en sistemas y administrativos. Implica, también, cuestionarnos sobre la inercia que la tradición nos ha heredado, al tiempo que reflexionamos sobre las implicaciones éticas, sociales y políticas de nuestro quehacer cotidiano. La tarea no es fácil, pero es momento de enfrentar el reto que se nos impone.

[1] Las ideas centrales de este texto fueron expuestas por los generosos panelistas, yo simplemente retomo, mezclo y, probablemente, las malinterpreto. En especial, me gustaría destacar las palabras expuestas por Alejandro Piscitelli, Juan Felipe Córdoba Restrepo, Ana Cuevas Badallo, José Gordon, René Muñoz, Juan Pablo Alperin, Bianca Amaro, Elena Giménez, Mónica Nepote y José Antonio Millán, de quienes he intentado extraer las ideas centrales.
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